El 425 aniversario de la Lanzada y el 420 de la Macarena, los 400 de la talla del Señor del Gran Poder -es año jubilar-, los 200 de la Esperanza de la Trinidad, 40 de la Banda de CC. y TT. del Cristo de las Tres Caídas, 25 del Carmen, 25 de la Coronación de la Encarnación de San Benito... seguro que me dejo algo en el tintero. Vaya, que no vamos a ganar para celebraciones. Y es que Sevilla es esto, exuberancia, fasto. Lo que hace, siempre es a lo grande.
En esta entrada me quiero detener un poco en el Cristo del Gran Poder, una imagen que me enamora, aprovechando el aniversario de su hechura. Es una materialización doliente de la fe, a la que tantos sevillanos han dirigido sus plegarias. Y todos han recibido de sus ojos comprensivos una mirada de amor, de perdón, de luz, y de sus labios entreabiertos, el aliento que les faltaba. Tallada por Juan de Mesa en 1620, ha acompañado la vida de los sevillanos desde entonces, hasta el punto de entretejerse con la ciudad misma como el terciopelo con los bordados de su túnica.
No hay estampa como la de ver al Señor de Sevilla avanzar por una oscura calle, envuelto en el silencio cuajado de oración, mientras las alpargatas de los costaleros "rachean" contra los adoquines. Ese andar del Señor, tan particular, tan distinto, que le hace parecer casi vivo, fue creado expresamente para él.
Este año jubilar te pido que si se te presenta la ocasión de pasar por la Plaza de San Lorenzo a saludar a este Jesús del Gran Poder, no la dejes pasar. Y pídele un poquito también por mí.
In manu ejus potestas et imperium.
(Nota: no tengo la propiedad de las imágenes que he empleado; están colgadas públicamente en la red)

